
Amadísimos hermanos, nos hemos reunido aquí, aunque algo tarde, para rezar el Santo Rosario. Comencemos pues por el acto de contrición. “Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero…”
Alguien interrumpe y me indica que no es eso, que hay que leer otra cosa. Dudas e indecisión hasta empezar con el pregón.
Si, bien, bien…
¡Hermanos carnavaleros,
máscaras y disfraces,
antiparras, antifaces,
cachondos del mundo entero!
Este es el viernes que no debía ser
y ha sido.
Este es el viernes que nos quiso,
nos quiso… arrebatar Pulido.
Este viernes no sería,
pero es, y será…
Aunque, en principio no fue,
está siendo…
Me interrumpo y me dirijo a alguien diciendo:
¿Qué tontería es esta, quién ha escrito esta gilipollez?
Me convencen de que vuelva al estrado y siga leyendo. Vuelvo, dudo, y resumo drásticamente repasando con incredulidad los papeles:
Esto…. Si… bueno…
¡Hoy es viernes!
Viernes de Carnaval
que, como fecha dentro del año,
pues tampoco está tan mal.
¿Por qué, entonces, quieren quitarlo?
¿Por qué tratarlo como a un animal?
¿Es que hacemos algo malo?
¿Por qué nos queríais callar?
Políticos irresponsables…
(Perdón)
Políticos y responsables:
¿Os molesta el Carnaval?
¿Qué daño os hace esta gente,
que no os desea ningún mal?
Eso sí, alguna cosilla,
¡algo tendréis que aguantar!
¿U os queréis ir de rositas,
también en el Carnaval?
Nosotros lo vemos claro:
las elecciones es donde votas.
Y el Carnaval es…
¡donde os tocamos las pelotas!
Y vosotros tenéis que agachar
la cabeza sonriendo,
asumiendo que, aunque poco,
algo os estamos jodiendo.
Así es el juego, compadres,
ya no se puede cambiar
y quitarnos algún día
es joder el Carnaval.
Y entenderéis que con esto
de la crisis galopante,
nos resulte muy molesto
que nos jodan ni un instante
del Carnaval, que es muy nuestro.
A lo mejor somos pocos,
pero muy bien avenidos.
Sólo queremos pasar un rato,
alegres y divertidos.
¿Por qué quitarnos un día
de estas fiestas tan dichosas?
Nos olvidamos del paro,
de la crisis, de los bancos,
y de tantas otras cosas…
¿Queréis que nos amarguemos,
aún más días este año?
O mejor decís: “recemos,
que la oración nos hará
hombres santos, hombres buenos
y nos librará de engaños”.
No penséis que yo os advierto
que la oración está mal
(advertid que llevo puesto
un santo traje talar),
mas si podéis ir al huerto,
sea con zagala o zagal…
¡A disfrutar, que los muertos,
no pueden refocilar!
¡Y ni Paula, ni el Euribor
nos habrán de amedrentar!
Nos dijeron que no al viernes,
y aquí estamos,
por llevarles la contraria.
¡Qué mala hostia nos gastamos!
Nos dijeron que el pregón,
mejor un día después:
¡Señor mío, cabezón!
¿Cómo se puede entender
de pregonar una fiesta
cuando empezada ya es?
Y, en todo caso, aquí estoy,
pregonando esta sandez
-y no rezando el rosario
¡me engañasteis otra vez!-
y pregonándola el viernes,
el viernes, como ha de ser.
¿Que quiere el Ayuntamiento
ayudar al Carnaval?
¡Más actos y menos cuento
o la cosa acaba mal!
¿De dónde os habéis sacado
que con quitarnos un día
el Carnaval se ha arreglado?
¿Será al contrario, Señor?
Pues está la economía
yendo de mal en peor,
aumentarnos la alegría,
¿será medida mejor
que cercenarla en un día?
No lo piensa ni un jumento
que quitándonos la fiesta
podamos estar contentos.
Fijaos en derredor:
cada día sube el paro,
la cosa causa temor
cuando en casa de la Amparo
ya no trabaja ni Dios.
La hipoteca nos ahoga:
el banco te cierra el caño
cuando es él quien puso soga
p’apretarnos muchos años.
¡Y ahora dice
“ya no hay guita”,
y reparte dividendos
como el cura agua bendita!
El autónomo anda flojo,
el trabajador jodío,
el consumo marcha cojo
y el bolsillo está vacío.
Y Solbes pide paciencia.
¡Nos ha jodío,
el gachó,
con la económica ciencia,
que ni una sola acertó!
Con su sueldo yo también
paciencia tendría mucha,
mi vida iría fetén
y llenaría la hucha.
¿Y qué decís de las casas?
Hace años pa cagar
tenías que pedir permiso,
no fueran a edificar
en el wáter de tu piso.
¡Qué bien los ayuntamientos!
¡Qué dulce y rico el parné!
Aquí robaron a cientos
pa levantarse el chalé.
Y ahora se acabó el ladrillo,
no se hace ni una pared,
mientras ladrones y pillos
siguen viviendo muy bien.
¿Y, con este panorama,
aún nos queréis recortar
el Carnaval que nos llama
a reir y alborotar?
¡Haya paz, señores míos,
que no hacemos ningún mal
en pasando aquestos fríos
con calor de Carnaval!
¡Esto es Carnaval, amigos,
nada es lo que parece:
las ciruelas trocan higos
y lo menguado recrece!
Esa rubia pechugona
que te mola mogollón
de verdad calza un carajo
por debajo del calzón.
No os exaltéis, señoritas,
que ese tío bigotudo,
no tiene pito ni pita,
sino chumino peludo.
Ninguno dice verdad,
es como en la Internet:
cuando te metes al chat,
nadie quien parece es.
Salvo yo, honorable sacerdote:
os juro que es de verdad
este mediano cipote
que entre mis piernas está.
De acuerdo, soy un fantasma,
perdonadme el devaneo.
Tenéis razón, tened calma,
que, en estas fiestas del alma,
no creo ni lo que veo.
Y hora es ya de terminar
esta sarta de sandeces,
que me estáis mirando mal
y la mala hostia se os crece.
Hacedme caso, hermosuras,
divertíos en compañía
y no hagáis caso a los curas
que os amargan el día.
¡Disfrutad hoy, más mañana!
Y que en estas tesituras
no veáis ya más sotana
que la que tapa mis desventuras.
¡Conquensas, conquenses:
el Carnaval empieza,
divertíos…
y no dejéis títere con cabeza!