Aprovechando que el verano supone
menos protesta social, menos participación ciudadana en los asuntos políticos
por las vacaciones estudiantiles, las movilidades familiares y festivas, los
cambios de horarios y el turismo, el ministro Gallardón vuelve a sacar su ley
contra el aborto.
En lugar de homogeneizar la
normativa europea sobre la interrupción voluntaria del embarazo, de garantizar
la libre elección de las mujeres a ser madre y de que sea cubierta por la
sanidad pública; en lugar de promover el acceso a una educación sexual
igualitaria y de regular la objeción de conciencia para que no se pueda violar
ningún derecho fundamental, aparece el llamado ministro de justicia, como
tolerante y democrático al eliminar de los supuestos para penalizar el aborto
el de la malformación del feto.
Una vez más la estrategia de
anunciar un peligro mortal para luego permitir todos los peligros que no maten.
Es como decía José Luis Sampedro cuando explicaba la teoría del miedo que nos
inculcan estos políticos reaccionarios. “Nos dicen que nos van a matar y luego
sólo nos cortan las manos, las piernas, la lengua o nos sacan los ojos, así
parece que el mal es menor”.
Patético Gallardón, quien afirma
que saltarse las normas cívicas es un asunto familiar, como buen pensamiento
mafioso. Esta persona se atreve a legislar sobre derechos básicos y
fundamentales de la población femenina, aunque nada de acabar con la trata de
mujeres, la explotación sexual o el proxenetismo. Muy coherente con la
tradición mafiosa.
Cada año mueren en España entre
60 y 80 mujeres víctimas de la violencia de género y son miles las que sufren
esta violencia diariamente. ¿Esta realidad no es un asunto de justicia? Sucede
aquí y los implicados suelen ser españoles, factores a tener en cuenta dada la
aberración de la eliminación de la justicia universal de nuestros juzgados.
Nunca ha importado el feminismo
en las políticas nacionales, nunca se ha querido instalar la igualdad de todas
las personas en la cultura española. Así se asegura que haya personas de
segunda, las mujeres, a quienes explotar, vejar, violar e incluso asesinar sin
que pase nada en la sociedad. En todo caso, cambiamos un poco, supuesto de la
malformación, para no cambiar nada.
Profesionales que podrán ir a la cárcel, mujeres que tendrán que ser avaladas
por psiquiatras, servicios públicos cerrados a cal y canto. Este es el panorama
de la ley Gallardón.
Educación, sanidad y justicia
deben ir juntas para garantizar un mínimo de respeto a los derechos
fundamentales de las personas, también de las mujeres. El machismo, la
misoginia, el patriarcado y el abuso de poder practicados por Gallardón son un
retroceso intolerante para la sociedad española del siglo XXI, suponen
discriminar y excluir a las mujeres de un estado social, democrático y de
derecho.
ÁREA DE LA MUJER DE
IZQUIERDA UNIDA DE CUENCA
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