
Cayo Lara “El Campesino”, orgulloso de sus raices y heredero de sí mismo, de sus luchas, de las nuestras, de las de la clase trabajadora, consiguió lo que hacía años que no conseguía un político de la izquierda. Me refiero a esa izquierda orgullosa de ser izquierda y coherente con sus principios transformadores, a esa izquierda que no compadrea con los banqueros y los poderosos. Y lo que consiguió es que miles de personas se estremecieran en sus sillones, que volvieran a creer en la política, que volvieran a creer en la izquierda, aunque solo fuera porque estaban viendo a un político que no tenía nada que ver con el resto. Estaban viendo el rostro de la izquierda, a un tipo corriente que hablaba de igual a igual al estudiante, al autónomo, al asalariado, a la profesora, al ganadero, y lo hacía con el lenguaje de la gente corriente, sin ambages, sin juegos de palabras, sin malabarismos dialécticos.
Me gustó, me sentí orgulloso de él, y los teléfonos ardían, el suyo sin duda, pero tambien el mío y el de mis padres, y el de mucha gente de IU y el PCE que lo quiere y le admira, sin cultos a la personalidad, sino como un compañero o un camarada más, con quien compartimos lucha, y que ha tenido la oportunidad de decir lo que tantas veces nos censuran en los medios hostiles, y lo que tanto tiempo hemos esperado escuchar, y como quizá no lo habíamos escuchado nunca. Y lo hizo emocionando, con el silencio cómplice y estupefacto de quienes tenía delante o sonreíamos orgullosos en nuestras casas. Y es que, como decía poco después un lector de laRepublica.es, “la dignidad de la izquierda estaba allí de pie, frente a ellos, firme como una roca y clara como el agua”.
Publicado por J.Parra El Abril - 22 - 2009
La República
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